La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Felipe Carrillo Puerto dejó 2 mensajes claros e indiscutibles.
Primero, que finalmente habrá justicia para la zona maya, al menos en materia de salud.
Pero el segundo son los «pasos en la azotea» de la dirigencia estatal de Morena, a cargo de Joana Acosta y David Hernández.
Y es que solo días después de la visita presidencial, la dirigencia estatal rompió su prolongado silencio. Lo hizo solo para hablar del proceso de renovación interna del partido.
Porque el golpe fue claro. El pasado 20 de junio, Sheinbaum aterrizó en la zona maya para supervisar un nuevo hospital. La acompañó la gobernadora Mara Lezama, altos mandos federales y algunos funcionarios estatales… pero no Mary Hernández.
A la presidenta municipal, pareja de la dirigente de Morena y hermano del secretario general de ese partido, no la invitaron. Y eso que el encuentro ocurrió justo en la cabecera municipal.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, Mary siempre estaba en primera fila.
Por eso, llama la atención que justo después de ese hecho, Joana Acosta salga a declarar que es probable una próxima convocatoria para renovar la dirigencia de Morena, cuando en su oportunidad la comité nacional descartó un cambio antes de 2027.
¿Estamos ante el fin de la era Acosta-Hernández?
Todo indica que sí.
El desaire presidencial fue solo el primer clavo.
El desgaste político, la desconexión con la base y la falta de resultados en las urnas y en el territorio están haciendo el resto.
La pésima participación ciudadana en la elección judicial, no distrae el hecho de que el año pasado Mary Hernández estuvo a punto de perder la presidencia municipal ante el PRD.






















