Columna Ámbar, lunes 10 de julio de 2023
Por Dominga Calles Alatorre
Hace algún tiempo una joven estudiante de la Universidad de Quintana Roo, confío a una Profesora Investigadora un grave problema y le solicitó auxilio, le explicó que un guardia la estaba morboseando y se dirigió a ella de manera lasciva, la estudiante estaba angustiada, necesitaba apoyo.
En menos de dos horas, el guardia había sido retirado del Campus y se inició el trámite correspondiente.
Así se ha distinguido el actuar de una mujer, que, desde el corazón, ha trabajado por y para la comunidad universitaria quintanarroense y se refleja en los estudiantes, mismos que sienten un grado de confianza tal, que saben que recibirán siempre su atención y le piden ayuda hasta en los momentos más angustiantes.
Las habilidades sociales, de comunicación y empatía que posee Consuelo Natalia Fiorentini Cañedo, son invaluables, representan una ventaja competitiva y factor diferencial para asumir el mando de la UQROO y guiar su timón con optimismo y motivación, virtudes que en un líder se traducen en mayor productividad y mejores resultados.
Las cartas credenciales académicas que presenta no le piden nada a las de ninguno de los otros dos postulantes, pero en un momento tan trascendental para la vida universitaria la visión humanista de la Doctora Fiorentini es una luz esperanzadora para el futuro de sus estudiantes y egresados, pues poner a las personas como prioridad, es una virtud que en múltiples ocasiones ha demostrado poseer.
Ese corazón le ha dado también para defender con todo a un compañero investigador que en plena etapa terminal iba a ser despedido sin piedad alguna, ante tal injusticia no guardó silencio ni consintió tal bajeza, así defendió sin cansancio y logró que el investigador recibiera el trato digno que como persona merecía y la justicia que como trabajador le correspondía, hasta el último de sus días.
La propuesta de la Doctora define que “la educación superior es el medio idóneo para generar esperanza a partir de las certezas de que el cambio es posible, y de que la realidad no es fija sino transformable”.
Su “Plan de trabajo 2023-2027: bases sólidas con visión de futuro para la consolidación de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo” parte de la premisa de que el cambio social es posible, siempre y cuando adquiramos conciencia de lo que es necesario cambiar y actuemos en consecuencia.
Elemento central de este Plan de Trabajo es incorporar las problemáticas locales y regionales enmarcadas en la Agenda 2030, a las funciones sustantivas de la Universidad a saber, la docencia, la investigación y la extensión/ vinculación.
Destaca también que para fomentar la incorporación de estudiantes indígenas, propone recuperar la Casa del Universitario Indígena “Ya’axche”, con capacidad para 100 estudiantes, que fue entregada en comodato al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) para su operación, pero se encuentra en total abandono dada la falta de presupuesto a partir de febrero de 2020.
La UAQROO necesita un cambio que ponga en primer lugar a sus estudiantes y a sus egresados, para eso la Universidad de Quintana Roo requiere hoy más que nunca recuperar su corazón.
La Normal de Chetumal, dato mata relato.
Chetumal cuenta con una escuela Normal, sí, aunque le parezca increíble, la escuela tiene años funcionando, pero poca gente la conoce y en consecuencia también pocos estudiantes de bachillerato próximos a egresar de sus planteles, la eligen como opción para continuar sus estudios universitarios.
Pero esto puede cambiar, dado que recientemente fue nombrado un nuevo director del plantel, Ángel Damián Sabido Ojeda mismo que fue presentado por el Secretario de Educación, Carlos Gorocica Moreno, como quien estará al frente del Centro de Actualización del Magisterio (CAM), la Normal de Chetumal.
La noble institución formadora de docentes puede figurar en el abanico de posibilidades para los egresados preparatorianos, sí y sólo sí, ahora se impulse la vinculación con la sociedad, se fortalezca la presencia, promoción y difusión del plantel, como una opción viable para quienes viven o viajan a estudiar a esta capital.
El trabajo destacado de sus docentes y alumnos, así como los buenos resultados que estos han logrado a nivel estatal son características que hoy sólo se conocen en algunos círculos de la comunidad docente, pero no han permeado a la sociedad, la gente no los conoce.
La comunicación de sus acciones se maneja lamentablemente en un circuito cerrado.
La nueva dirección, tiene en ello un área de oportunidad valiosa para lograr el crecimiento de la matrícula en las dos carreras docentes que la escuela oferta, al hacer un diagnóstico realista, alejado del relato y más apegado al dato, ese que marca que pese a ser una muy buena escuela, con profesores de excelencia, con instalaciones cómodas y ubicada en una zona accesible de la capital, únicamente se captaron 9 alumnos para la carrera de historia en el nuevo ciclo escolar.
Una mayor presencia y vinculación social son necesarias para que el CAM, nuestra escuela Normal en Chetumal, sea conocida y reconocida por la sociedad en general, su oferta educativa debe ser promovida de forma permanente en los medios de comunicación, con visión internacional incluso, dado que somos frontera con Belice, así como cercanos a los estados de Yucatán y Campeche, para entrar en el panorama elegible, como una alternativa atractiva para muchos más posibles aspirantes a ingresar como estudiantes.
Transportistas y choferes de camiones repartidores de refrescos, héroes educativos.
A ritmo de“Voy a arrancar, soy el chofer, manejaré la noche hasta el amanecer, tiempo no hay para perder, tengo un buen tramo de país que recorrer. Desde Tijuana a Yucatán, por carretera gano el pan…”, decenas de hombres recorrieron las carreteras de la Ribera del Río Hondo para llevar la mercancía para surtir las tienditas hasta las comunidades más lejanas, sin fallar, semana tras semana, pero con un riesgo adicional a su salud y a su vida, pues su labor durante el tiempo de pandemia merece un reconocimiento público que aún no han recibido.
En sus camiones, camionetas, combis y otros vehículos repartidores, los choferes de las compañías de galletas, frituras o refrescos, así cómo algunos transportistas, llevaban también un tesoro: los cuadernos de trabajo de los niños de las escuelas rurales, de ida y vuelta, con un compromiso casi sacramental.
Para los estudiantes en zonas urbanas las clases en línea fueron opción durante la pandemia, en algunos hogares incluso fue difícil cubrir la necesidad informática de sus hijos, pero se hizo lo posible.
No obstante, las clases virtuales se convirtieron en un obstáculo insalvable para estudiantes que habitan en comunidades en donde el internet no es accesible ni para las propias oficinas públicas.
Ahí entró el ingenio de padres de familia y docentes, usar cuadernillos de trabajo para que los niños no perdieran su avance académico. El niño recibiría el cuaderno y realizaría sus tareas en casa. Posteriormente los padres lo harían llegar al docente.
Pero el circuito para el viaje de los cuadernos no hubiese sido posible sin la ayuda voluntaria y entusiasta de los choferes que cubrieron las rutas rurales en esos tiempos de tanta incertidumbre epidemiológica.
La puntualidad en la cobertura de sus rutas y el cuidado que los choferes tuvieron con tan valioso cargamento encargado por los niños de las escuelitas rurales, ayudó a que dos generaciones escolares hayan podido avanzar a sus siguientes grados y evitaron que se frenará el desarrollo académico de varias comunidades del sur de Quintana Roo.
Por ello, nunca es tarde para que esos choferes, que actuaron cómo verdaderos héroes, reciban el reconocimiento que se merecen, no sólo de los estudiantes de esas comunidades, sino también de los docentes y de las autoridades educativas de nuestra entidad, pues sin duda se han ganado el aprecio de las familias y un eterno ¡Gracias!
“Vigilen de cerca todos los actos públicos de nuestros gobernantes: Elógienlos cuando hagan bien, critíquenlos siempre que obren mal. Seamos imparciales en nuestras apreciaciones, digamos siempre la verdad y sostengámosla con firmeza entera y muy clara. Nada de anónimos ni seudónimos. Nada de silencio.” Belisario Domínguez, 1913.
Gracias por tus comentarios y sugerencias al 983 11 1 91 81.






















