TULUM.— La falta de empleo ha comenzado a golpear con fuerza a quienes, hasta hace poco, formaban parte activa del motor turístico de este destino. La caída en la afluencia de visitantes, la parálisis en varios centros de hospedaje y el incremento del desempleo han dejado a decenas de trabajadores en la incertidumbre, y entre ellos, a profesionistas que hoy enfrentan el dilema de aceptar empleos mal pagados o seguir esperando algo digno.
“Llevo mes y medio desempleada, y la verdad ya fui a varios lugares, ahora sí estoy buscando de lo que caiga”, relata con evidente angustia Maribel Trejo Quinto, una joven tulumnense que hasta hace poco trabajaba en áreas recreativas de un hotel en la zona costera.
Su testimonio no es aislado. Como ella, muchos otros trabajadores capacitados se han quedado sin oportunidades laborales luego de que hoteles y centros turísticos comenzaran a reducir personal. El fenómeno, que se ha intensificado en los últimos meses, parece vinculado al estancamiento en la llegada de turistas, los altos costos operativos y las restricciones económicas derivadas de un entorno inseguro y poco sostenible.
“Yo trabajaba en áreas recreativas en un centro de hospedaje en la zona costera, pero porque el turismo no llega recortaron al personal”, cuenta. Lo más alarmante no es solo la falta de vacantes, sino la precariedad de las ofertas que existen.
“Hay empleos, pero no dan como que de renta, todos muy mal pagados y te desesperas y ya quieres agarrar un trabajo, pero mejor uno sigue buscando a ver si cae algo mejor”, dice Maribel, con una mezcla de resignación y coraje. La frase retrata la cruda realidad: trabajos informales, horarios extenuantes, sin prestaciones ni garantías mínimas.
En Tulum, donde el costo de vida ha subido abruptamente, aceptar un salario de entre mil y mil quinientos pesos semanales no cubre ni la renta de una habitación. Aun así, muchos no tienen opción. Los profesionistas, incluso aquellos con formación universitaria, tampoco escapan a esta crisis.
“Aun teniendo carrera, o una profesión, ya no se puede hacer nada”, afirma Maribel. Su voz es la de cientos que han dedicado años a capacitarse, pero que hoy son ignorados por un mercado laboral saturado, explotado y desbalanceado.
Mientras tanto, las autoridades han guardado silencio o se limitan a declaraciones superficiales sobre “reactivación económica” que no aterriza en acciones concretas. No hay ferias de empleo, no hay apoyo temporal ni programas efectivos de reconversión laboral para los más afectados.
La falta de oportunidades ha empezado a traducirse en algo más peligroso: desesperación. Muchos abandonan sus profesiones para buscar trabajos temporales en la informalidad, otros migran a otros municipios y algunos, simplemente, resisten con lo poco que tienen, esperando que el turismo regrese, que las inversiones se concreten o que, al menos, se les escuche.
Tulum presume de ser un destino de lujo, con desarrollos millonarios, parques ecológicos nuevos y una creciente infraestructura. Pero en el fondo, hay una comunidad que clama por trabajo digno, por estabilidad y por respeto a sus años de esfuerzo. Hoy, el desempleo se ha vuelto una epidemia silenciosa que erosiona el tejido social, mientras los discursos turísticos siguen hablando de «progreso».






















