Por Mario Castillo Rodríguez
Chetumal.-Consciente de que su figura ha perdido adeptos desde mucho antes de su salida de la Cámara de Diputados, Lizbeth «La China» Gamboa Song, busca con desesperación amarrar hueso para la siguiente administración.
Este viernes se le vio en ameno desayuno con el defenestrado alcalde cancunense Carlos Cardín Pérez -mejor conocido en el argot político como «CaCardín»-, desde luego, buscando respaldo de añejas figuras dentro del priismo quintanarroense pues, aunque apeste para muchos, Cardín Pérez goza de considerable fortaleza dentro de la esfera tricolor.
La ex legisladora federal conoce a bien que el grupo en el poder no le garantiza gran futuro, ya que muy presente tiene la traición cometida hacia este. Y aunque su nombramiento como activista distrital al interior de su partido -el PRI- le colocan con un pie dentro de la diputación local, sabe que en cualquier momento el escenario podría volcarse en su contra.
Dicho sea de paso y valga la redundancia, claro está que la desesperación es factor que identifica a la también aspirante a la alcaldía othonense, y es por eso que no le importa pactar con Dios, y hasta con el Diablo -léase CaCardín-, para asegurar un espacio donde siga mamando de la ubre del erario público, y así dar continuidad esa cómoda vida a la que se acostumbró desde que su señora madre le incursionó en esa zona de confort llamada la grilla quintanarroense.
Y en tanto «La China» va en busca del hueso en peligrosos amarres de traspatio, no nos resta más que desearle a la ilustre Liz una Feliz Navidad y un próspero año nuevo; excluyendo, por supuesto, el que sus deseos se vuelvan realidad, ya que de lo contrario atentaría contra la tranquilidad de muchas y muchos ciudadanos quintanarroenses.





















