Por Benjamín Pat
El gobierno de Mara Lezama acaba de firmar dos contratos para acceder a $1,500 millones. Se trata de créditos a corto plazo. Pero… ¿en qué consisten estos financiamientos y realmente son tan malos?
¿Alguna vez has recurrido a las tarjetas de crédito para pagar imprevistos? Seguro, lo has hecho en más de una ocasión. Aunque estarás de acuerdo con que “esas cosas son del diablo”, la realidad es que sacan de cada apuro.
¿Pero… y cuando el gobierno tiene un imprevisto? Bueno, a diferencia de nosotros los mortales, existen los llamados “créditos a corto plazo”. Pero… ¿Realmente estas deudas son tan malas como las pintan?
¿Y por qué te lo pregunto? Porque el gobierno de Mara Lezama, que comenzó en septiembre, ya dio sus primeros dos “tarjetazos”, uno por $800 millones y otro por $700 millones.
Y digo tarjetazos porque a diferencia de la deuda de largo plazo, en estos no se comprometen participaciones federales ni fuentes de pago específicas, sino que se van liquidando conforme va cayendo el dinero.
Platicaba con un amigo, que sí sabe de estas cosas, y decía que este tipo de deudas no tienen nada de malo. No saber utilizarlas es el verdadero problema.
Decía que no pasa nada si aplicas el “tarjetazo” y en cuanto te cae el dinero liquidas, dentro de las fechas establecidas.
Suena muy sencillo, pero en lo personal he de confesar que en alguna ocasión caí en la trampa y necesité de varios meses para salir del bache.
Es tan fácil endeudarse. E insisto, no son malas, a menos que tus habilidades de administración sean pésimas o seas mala paga.
Es aquí donde se complica el asunto. Cuando incluimos en la ecuación a personas políticas. Imagina esa peligrosa combinación.
Hablemos de quienes han estado en el Gobierno de Quintana Roo
En 2005, Joaquín Hendricks Díaz le entregó el gobierno con $1,257 millones de deuda pública a largo plazo.
Cuando dejó el poder en 2011, la cifra ya era de $10,728 millones. Pero eso no es todo. Aquí es donde aparecen los “créditos a corto plazo”, que para nosotros los mortales serían como las tarjetas de crédito.
Entre 2005 y 2011, utilizó alrededor de $5,200 millones de este tipo de financiamientos.
Se les llama “de corto plazo” porque, se supone, deben liquidarse antes de dejar el gobierno. Obviamente, ese no fue el caso.
Cuando entra Roberto Borge Angulo, lo primero que hace es refinanciar las deudas de largo plazo. Pero aprovechando también mandó a largo plazo las deudas emergentes de Félix González.
Ya sabemos que el asunto no terminó ahí, porque Borge también se dedicó a disponer millonarias cantidades. En total, $8,000 millones.
Y sí, también terminó por convertirlos en deudas de largo plazo cuando no pudo pagarlos en los tiempos pactados con los bancos.
Es así que la deuda, durante su gobierno, cerró con $21,400 millones en 2016.
Con Carlos Joaquín González, los tarjetazos tampoco faltaron. En algún momento los saldos alcanzaron los $3,300 millones, sobre todo en 2020, cuando estaba la pandemia.
Si algo se le puede reconocer al nuevo embajador en Canadá, es que dejó esas cuentas en ceros. Lástima que no hizo lo mismo con los proveedores e instituciones como el ISSSTE, el SAT y otros.
Ahora, en su debut como la primera mujer que gobierna Quintana Roo, Mara Lezama ha decidido utilizar esas opciones financieras para hacer frente a los problemas heredados.
El hecho no tiene nada de ilegal, y menos si consideramos que los dos contratos, firmados con Banorte y Bansi, son públicos desde noviembre de 2022.
Solo hay dos cosas que se borraron de esos documentos: los datos personales de Eugenio Segura Vázquez y los representantes de los bancos.
Tampoco existe la obligación de informar al Congreso sobre este tipo de financiamientos.
¿Para qué se utilizará el dinero? Tampoco debería ser el problema, siempre que sea para el gasto público.
Lo que único que podemos pedir es que el nuevo gobierno no aplique, literal, la estrategia completa de los últimos dos gobernadores priistas: no pagar y convertir esas deudas de corto plazo a deudas de largo plazo.
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