Por Salvador Pérez Hernández.
Bacalar. A pesar de que recientemente el Presidente de la República afirmó categórico: “Enrique Peña Nieto, no deja a su suerte, no abandona a los campesinos de México. Los apoya desde la planeación de su siembra y su financiamiento hasta la comercialización de sus productos en el mundo. Y además defiende sus marcas y productos originales”. El campo bacalarense sigue esperando la anhelada Reforma Integral Para el Campo, con bajo crecimiento económico mientras sufre de abandono de sus jóvenes y una falta absoluta de seguridad alimentaria.
A mitad del camino de la Presidencia encabezada por Enrique Peña Nieto el campo bacalarense no tuvo el desarrollo amplio e incluyente promovido desde la Presidencia de la República, aunque observa mejores condiciones económicas que las que prevalecen en los municipios de José María Morelos y Lázaro Cárdenas, con una población campesina compuesta en su mayoría por miembros de la etnia maya, campesinos envejecidos que enfrentan resignadamente la falta de un mejor futuro en sus comunidades.
Sin ser fatalistas o en el otro extremo pecar de triunfalistas, y a pesar de que los apoyos aportados por las diferentes Instituciones del Sector Agropecuario, Rural y Forestal han sido notables pero claramente insuficientes, existen organizaciones y unidades de producción exitosas, como son las dedicadas a la cría y engorda de bovinos en Nuevo Progreso, Miguel Alemán, Río Verde y Reforma, la actividad lechera en Río Verde, Miguel Alemán y Valle Hermoso, la apicultura con punta de lanza de la Kabí Habin de Blanca Flor, los productores de Piña en Ávila Camacho, Pedro A. Santos y la Pantera, los productores de hortalizas en Maya Balam, Cuchumatán y San Isidro La Laguna, y los ejidos turísticos y forestales como Chacchoben.
Es de destacar que estas actividades han logrado sobresalir sin contar con políticas de desarrollo debidamente estructuradas e impulsadas desde el sector gubernamental, sin acceso a fuentes de financiamiento por no contar con garantías tradicionales, y con subsidios que si bien llegan a través de los tradicionales Programas; como por ejemplo; el Apoyo a la Productividad Ganadera (PROGAN) y PROCAMPO, entre otros que funcionan más en el esquema de clientelismo que en el afán de impulsar adecuadamente la producción y productividad, y para empeorar la situación la mayoría de estos pequeños productores trabaja sin seguros agrícolas mucho menos de tipo personal.
Un factor que le resta competitividad al campo bacalarense es la falta de tecnificación, ya que no se cuenta con infraestructura y equipo para la extracción de agua del subsuelo, los programas para dotar de electricidad a los sistemas de riego existentes brillan por su ausencia, y es notable la ausencia; de tractores como de sus respectivos equipamientos. En el mismo sentido los apoyos que dan las Instituciones Agropecuarias son exiguos, y por ejemplo un programa de apoyo de equipos que entrega la SAGARPA (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) consiste en una bomba manual, 2 litros de insecticidas, 2 litros de abono, 2 litros de insecticida para el gusano cogollero y dos litros de herbicida mata todo, además de 15 kilogramos de semillas de maíz híbrido, que son bien recibidas por el campesinado y sin embargo la mayor porción de estas siembras se pierden por falta de agua.
Es necesario destacar que en estos tres años se implementaron medidas que favorecen el desarrollo del sector agrario como la creación de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero y el Instituto Nacional de Empresas Sociales que han realizado un notable esfuerzo, invirtiendo recursos económicos en la consolidación de actividades del sector, no obstante la situación económica que impera en el país y en el resto del mundo, se torna cada día más difícil acceder a estos recursos, dejando en la mayoría de las ocasiones a unidades de producción bacalarense exitosas a su suerte.
Se concluye que a pesar de los evidentes esfuerzos realizados por la federación, al dotar de recursos de bajo costo a los programas del sector agropecuario, rural y forestal, estos han sido insuficientes, y no se ha podido impulsar debidamente las unidades de producción que existen en Bacalar, y ante el panorama económico ensombrecido; generado por la incertidumbre de las variaciones del valor del Peso frente al Dólar, es difícil más no imposible, que una Reforma Integral al Campo en la recta final de sexenio de Enrique Peña Nieto pueda ser viable.





















