Por Mario Castillo Rodríguez
Como buen sepulturero
desgastado hasta los huesos
llegó cargando muertitos
Juan Ortegón al Congreso.
Al dengue le echó la culpa,
a la falta de dinero,
a los moscos del panteón,
y a los cacharros del predio.
Un velorio parecía,
y la Muerte no creyó
las excusas que decía
ni la ofrenda le sirvió.
Desabasto en medicinas,
y otras cosas más negó;
pero nuevos hospitales
hasta al diablo prometió.
“Chikungunya no ha llegado,
menos Ébola”, gritó;
mientras los fieles difuntos
lo llevaban al panteón.
La Catrina recetó
a SESA paracetamol,
pues con esa medicina
a todo dan solución.
Ya se va Juan Ortegon,
derechito al purgatorio;
convencido que “Chanito”
le dará su aprobatorio.





















