Si su principal objetivo de festejar a lo grande su onomástico era llamar la atención, entonces debemos reconocer que José Alberto Alonso Ovando lo consiguió, pero si era para posicionarse políticamente, entonces debemos decir que fracasó. Una derrota de igual o mayor magnitud como la que tuvo cuando dejó la diputación local en el 2011.
Un verdadero comino importó al actual titular de la Secretaría de Educación y Cultura (SEyC) el sistema de austeridad aplicado por el Gobernador Betoborge, porque sin empacho alguno tiró “la casa por la ventana” para festejar otro año más de vida, en “La Grulla” (ubicado sobre el bulevar Bahía) corrieron miles de litros de cerveza, ron y whisky, así como diversos platillos para saciar la gula de los cientos de invitados, entre quienes sobresalen las líderes de las colonias de Chetumal, a quienes financiaron su taxi para que no faltarán a la “fiesta sorpresa” organizada por el propio Alonso Ovando.
Tal parece ser que a Beto Alonso no le queda claro la señal ordenada por su tocayo, que su obligación moral, sí es que pertenece al grupo de los “borgistas” -cosa que dudamos-, es la de actuar en apego a la directriz enviada y no irse por la libre como hasta ahora lo hace.
El haber sido uno de los servidores públicos más cercanos al ex gobernador, Félix González Canto, no debe ser un aliciente para Beto Alonso se pase por el “arco del triunfo” las indicaciones de Beto Borge, porque quiera o no, este último es su jefe directo, aunque no lo admita o acepte y siga pregonando que el verdadero jefe de los políticos quintanarroense es Félix González.
Alberto Alonso debería aceptar que su carrera política fue efímera, que su máxima, de ahora en adelante, es seguir siendo servidor público, aceptar cualquier puesto de Secretario, Subsecretario o cualquier otra posición que le ofrezcan.
Hoy en día, Beto Alonso debería entender que su verdadero nivel dentro el sistema político quintanarroense es el de apoyar logística y económicamente a todos los candidatos que su partido postule, él no tiene ni tendrá otra oportunidad en la vida política, ya que cuando se le presentó no supo defenderla y optó por la comodidad de dirigir Capa que hacer leyes en el edificio de “Punta Estrella”.
A Beto Alonso aun no le queda claro que ya se decidieron las candidaturas a las diputaciones federales, que ya se “cocinaron” las candidaturas a las presidencias municipales para el 2016 y también las diputaciones locales que integrarán la XIV Legislatura, incluidas las primeras cinco posiciones de la lista de plurinominales, es decir, que él no tiene ninguna oportunidad, a menos que se vaya a otro partido político como lo hizo su amigo, Andrés Florentino Ruíz Morcillo.
Ojalá que el susodicho asuma con responsabilidad su verdadera encomienda que tiene dentro el quehacer quintanarroense, porque si continúa soñando que será el candidato del PRI a la presidencia municipal en el 2016 y candidato del tricolor para la gubernatura en el 2022, entonces ya valió cacahuates la educación de los miles de infantes del Estado.





















