Deslealtades, abuso de confianza y hasta robo, conjugan el penoso escenario que en los últimos días ha tenido lugar en los curules donde los diputados integrantes de la XIV Legislatura trabajan en pro de leyes y modificaciones a éstas que aterricen en mejores estándares de vida para las y los quintanarroenses, mientras sus ayudantes hacen de las suyas. Y no es por ofender, pero lamentable resulta que por uno paguen todos.
Y es que ha trascendido que los amantes de lo ajeno – de esos que navegan con bandera de decencia-, han vulnerado con pleno lujo de abuso de confianza la seguridad del Poder Legislativo para sustraer objetos que no son de su propiedad, faltando así a la confianza de quien paga o procura el salario con el que se garantiza la privilegiada estabilidad económica de familiares y dependientes directos.
Choferes, secretarias, escoltas, asistentes y demás personal que manera directa está al servicio de los legisladores, hoy son imán de los reflectores que se han encendido en el seno legislativo, pues bajo sus techos y plena luz del día, se han extraviado valiosos objetos como tablets y teléfonos celulares propiedad de los diputados en funciones, sin que nadie sepa nada al respecto.
Lo último de lo acontecido, fue en agravio de uno de los legisladores de mayor envestidura en el concierto quintanarroense, que de buenas a primera no supo del destino que tuvo su teléfono particular que aparte de ser de un valor elevado económicamente hablando, contenía en su interior números de personajes clave en el escenario político local y nacional.
Sin duda información de gran valor, que quizá fue el móvil para que algunos de los desleales que le rodean se motivara a cometer tan soez acto que no sólo deja mal parados a sus compañeros, sino que pone en alerta a todos, y generando desconfianza hacia a todos. Es decir, abre la puerta a un ambiente tenso y hostil dentro de la jornada laboral, y desde luego limita a los de arriba a tener cercanía con quienes les sirven.
Información que de igual manera podría cambiar el rumbo del escenario que se vislumbra para próximo proceso electoral con miras a renovar la Cámara de Diputados a nivel federal, ya que cualquier partido estará dispuesto a pagar la cantidad necesaria para tener datos negativos que sucumban la estabilidad del contrario.
Volviendo al tema, es por demás irónico que sucedan este tipo de acontecimientos en un edificio que diariamente está custodiado por cerca de una veintena de elementos que conforman el cuerpo de seguridad de dicha sede.
Además de irónico vergonzoso, pues evidencia la falta de capacidad de quienes se encargan de la seguridad brindada a los diputados quintanarroenses, que hoy por hoy, no tiene la garantía de estar seguros ni en sus propia casa, ante los abusos de confianza de que son objeto.
Habrá que estar muy al pendiente de las medidas que tomen los diputados, pues es por demás incómodo trabajar con gente que no puede ser garante de confianza, mucho menos de lealtad. Valga la redundancia: “Por unos, pagan todos”.





















