Por Victoria Castro Chávez
CHETUMAL, Quintana Roo.— Cinco años después de que Quintana Roo trazara una estrategia para aprovechar su potencial solar, eólico y otras fuentes renovables, la transición energética del estado continúa enfrentando una brecha entre los objetivos planteados y su materialización en proyectos capaces de modificar de manera significativa la forma en que se produce y consume electricidad en la entidad.
En octubre de 2021, durante la administración del entonces gobernador Carlos Joaquín González, la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente (SEMA) presentó el Plan Estatal para el Fomento de la Eficiencia Energética y del Aprovechamiento de las Fuentes de Energía Renovable (PLANFEER).
La estrategia buscaba establecer una ruta para reducir el consumo energético, disminuir emisiones y aprovechar las condiciones naturales de Quintana Roo para generar electricidad mediante fuentes renovables.
Entre sus líneas de acción se encontraban el impulso de sistemas solares y otras tecnologías renovables, eficiencia energética en edificaciones, mecanismos de financiamiento, aprovechamiento de residuos y acciones orientadas a reducir el impacto ambiental asociado al consumo de energía.
Un año después ocurrió el cambio de administración estatal.
El gobierno encabezado por Mara Lezama mantuvo dentro de su agenda los conceptos de sustentabilidad, descarbonización y transición energética. Sin embargo, cinco años después de la presentación del PLANFEER, el desafío continúa siendo trasladar esos objetivos hacia resultados medibles a escala estatal.
Paneles solares avanzan más rápido que la transformación estructural
Una parte visible del cambio energético se encuentra en la instalación de sistemas fotovoltaicos en hoteles, comercios, viviendas y otros establecimientos privados.
El incremento de las tarifas eléctricas, los costos de operación y la búsqueda de esquemas de sustentabilidad han convertido a los paneles solares en una alternativa cada vez más atractiva para determinados consumidores.
Pero existe una diferencia entre el crecimiento de la generación distribuida y una transformación de la matriz energética de Quintana Roo.
La entidad continúa integrada y dependiente del Sistema Eléctrico Nacional para satisfacer buena parte de su demanda, particularmente en un contexto de acelerado crecimiento urbano, hotelero y poblacional.
Ese crecimiento constituye precisamente uno de los grandes retos.
Cada nueva habitación hotelera, vivienda, comercio y desarrollo inmobiliario representa una demanda adicional de electricidad.
Por ello, aun cuando aumenta la instalación de paneles solares, también crece el consumo.
El potencial está, los grandes proyectos no
Quintana Roo posee condiciones favorables para el aprovechamiento de la radiación solar.
Sin embargo, el potencial disponible todavía contrasta con la escala de la infraestructura renovable desarrollada en el estado.
A cinco años del PLANFEER, no se observa todavía una transformación basada en grandes proyectos solares o eólicos que por sí mismos hayan cambiado sustancialmente el abastecimiento eléctrico de la entidad.
Esto obliga a preguntar qué ocurrió entre la planeación y la ejecución.
Las respuestas no dependen exclusivamente del Gobierno del Estado.
El desarrollo eléctrico involucra regulación federal, disponibilidad de redes de transmisión y distribución, permisos, inversiones privadas, capacidad de interconexión y coordinación entre distintos niveles de gobierno.
Pero precisamente por eso un plan estatal requiere indicadores públicos que permitan conocer qué metas fueron alcanzadas, cuáles continúan pendientes y cuáles tuvieron que modificarse.
Residuos: otra oportunidad pendiente
El aprovechamiento energético de los residuos aparecía también como una alternativa dentro de la estrategia.
Cinco años después, el problema de la basura continúa siendo uno de los principales desafíos ambientales de varios municipios de Quintana Roo.
Antes de producir electricidad a partir de residuos, algunas administraciones municipales todavía enfrentan dificultades para garantizar procesos adecuados de recolección, separación, tratamiento y disposición final.
La distancia entre ambos escenarios evidencia la magnitud del reto.
Movilidad eléctrica todavía limitada
La transición energética tampoco termina en la producción de electricidad.
El transporte constituye otra pieza fundamental.
Aunque durante los últimos años se ha incrementado la presencia de vehículos eléctricos particulares y puntos de recarga, Quintana Roo todavía tiene un amplio margen para desarrollar infraestructura y sistemas de transporte público de bajas o cero emisiones a gran escala.
La transformación resulta particularmente relevante para una entidad turística que recibe millones de visitantes y concentra una intensa movilidad terrestre entre Cancún, Playa del Carmen, Tulum y otros destinos.
Cinco años después
El problema del PLANFEER no necesariamente está en su diagnóstico.
Muchas de las condiciones que justificaron su creación continúan vigentes.
Quintana Roo mantiene un considerable potencial solar, una demanda eléctrica creciente y la necesidad de reducir el impacto ambiental asociado con su acelerado desarrollo.
La pregunta es cuánto de aquella estrategia se convirtió en infraestructura.
A cinco años de su presentación, resulta necesario conocer públicamente los indicadores de cumplimiento del PLANFEER: cuánta capacidad renovable se agregó, cuánto disminuyó el consumo mediante eficiencia energética, qué inversiones fueron detonadas, cuántos proyectos se concretaron y qué ocurrió con las metas relacionadas con residuos y movilidad.
Sin esa evaluación, resulta difícil determinar si Quintana Roo está ejecutando una política de transición energética o simplemente avanzando mediante proyectos aislados.
El potencial existe.
La necesidad también.
Lo que falta demostrar con resultados medibles es cuánto de aquel plan presentado en 2021 logró convertirse, cinco años después, en energía limpia efectivamente generada en Quintana Roo.






















