Por El Punto Sobre la i
Hay una vieja frase que parece escrita a la medida de ciertos presidentes municipales de Quintana Roo: “Luz de la calle y oscuridad de su casa”.
Este domingo la estampa fue difícil de ignorar.
Los presidentes municipales Erik Borges Yam, de José María Morelos; Diego Castañón Trejo, de Tulum; y José Alfredo “Chepe” Contreras Méndez, de Bacalar, se trasladaron hasta Felipe Carrillo Puerto para participar en una entrega de útiles escolares y posteriormente visitar un campo de béisbol, donde incluso asumieron compromisos relacionados con su rehabilitación. La actividad fue promovida por Borges Yam.
Y entonces surge una pregunta elemental:
¿Ya resolvieron los problemas de sus propios municipios?
Porque solidaridad entre municipios puede haberla. Coordinación también. Lo que resulta cuestionable es que tres alcaldes encuentren tiempo, disposición y aparentemente hasta recursos para aparecer fuera de sus demarcaciones, mientras en casa todavía existen necesidades que reclaman atención.
No es un asunto menor.
Erik Borges: ¿y las 64 comunidades?
El caso de José María Morelos resulta particularmente llamativo.
El propio Ayuntamiento sostiene que el municipio está integrado por 64 comunidades y que su gobierno trabaja para atenderlas.
Apenas el 22 de septiembre, Borges presumía entregas de útiles escolares en Dos Aguadas, Adolfo López Mateos, Lázaro Cárdenas y Pedro Moreno.
Tres días después se informó de otra ruta por Xnoh Cruz, Puerto Arturo, Candelaria, Zaczuquil, Nueva Reforma, San Felipe I y II y Santa Gertrudis. En ese mismo comunicado se anunció que el domingo 27 el alcalde viajaría a Felipe Carrillo Puerto para entregar útiles escolares.
Perfecto.
Pero entonces la pregunta es inevitable:
¿Ya fueron atendidos todos los estudiantes de las 64 comunidades de José María Morelos?
Si la respuesta es sí, que se publique el padrón, las cantidades entregadas y las localidades cubiertas.
Y si la respuesta es no, resulta difícil explicar por qué un presidente municipal lleva apoyos a otra demarcación cuando todavía tiene comunidades propias por recorrer.
No se trata de cuestionar que un niño reciba útiles escolares. Eso siempre será positivo.
Se trata de saber de dónde salieron esos útiles, quién los pagó y bajo qué programa fueron entregados.
Porque si fueron adquiridos con recursos públicos municipales de José María Morelos, existe una explicación que el Ayuntamiento debería dar con absoluta transparencia.
Y si fueron comprados con dinero particular, también sería muy sencillo aclararlo.
¿Solidaridad o construcción de imagen?
La presencia conjunta de Borges, Castañón y Contreras tampoco ocurre en un vacío político.
No es la primera vez que aparecen juntos.
En agosto, Diego Castañón recibió en Tulum a los alcaldes de Bacalar y José María Morelos durante una jornada del Mercado de la Prosperidad Compartida. La reunión fue interpretada públicamente en el contexto de los movimientos políticos rumbo a 2027.
Por eso, cuando los mismos personajes vuelven a aparecer juntos, ahora repartiendo apoyos fuera de sus municipios, resulta legítimo preguntar dónde termina la cooperación institucional y dónde comienza la construcción de una plataforma política.
Porque 2027 está demasiado cerca como para fingir que estas fotografías no tienen lectura política.
Y ahí está precisamente el problema.
Los alcaldes fueron electos para gobernar municipios, no para convertirse anticipadamente en candidatos itinerantes.
Primero arreglen la casa
Diego Castañón gobierna Tulum.
Chepe Contreras gobierna Bacalar.
Erik Borges gobierna José María Morelos.
Y antes de asumir compromisos con canchas, estudiantes o comunidades ajenas, tendrían que demostrar que sus propias obligaciones están suficientemente atendidas.
¿Tulum ya resolvió sus problemas de servicios públicos, infraestructura y seguridad?
¿Bacalar ya tiene sus calles, alumbrado y comunidades en las condiciones que merecen sus habitantes?
¿José María Morelos ya atendió las necesidades de sus 64 comunidades?
Si la respuesta es no, entonces algo está invertido.
Porque gobernar no consiste en buscar el escenario donde haya más cámaras.
Gobernar significa enfrentar precisamente aquello que muchas veces no produce fotografías bonitas: el bache, la luminaria descompuesta, la calle abandonada, el parque deteriorado, la comunidad que espera una obra y la familia que lleva meses solicitando atención.
Eso también es gobierno.
Aunque no dé “likes”.
Y falta una explicación
Hay otra pregunta que los tres ayuntamientos deberían responder.
¿Quién pagó esta gira?
¿Los vehículos utilizados pertenecen a los municipios?
¿Hubo combustible pagado con recursos públicos?
¿Participaron funcionarios municipales?
¿Hubo fotógrafos, personal de Comunicación Social o logística oficial?
¿Quién adquirió los útiles escolares entregados en Felipe Carrillo Puerto?
Preguntar no significa afirmar que existió una irregularidad.
Significa exigir transparencia.
Si todo fue cubierto con recursos personales, que lo acrediten y asunto terminado.
Pero si existieron recursos municipales involucrados, los ciudadanos de Tulum, Bacalar y José María Morelos tienen derecho a saber cuánto costó, con qué partida se pagó y cuál fue la justificación administrativa para destinar recursos fuera de sus respectivas demarcaciones.
Luz de la calle, oscuridad de su casa
La política tiene una tentación permanente: hacer afuera lo que resulta más rentable presumir que resolver adentro.
Una fotografía repartiendo útiles es sencilla.
Una fotografía prometiendo rehabilitar un campo deportivo también.
Lo complicado es regresar a casa y enfrentar todos los días las calles deterioradas, los servicios deficientes, las comunidades rezagadas y ciudadanos que ya no quieren discursos.
Por eso la escena del domingo deja más preguntas que aplausos.
Nadie cuestiona ayudar.
Lo cuestionable es utilizar la ayuda como escaparate político mientras las necesidades propias siguen esperando.
Porque los habitantes de Tulum eligieron un presidente municipal para Tulum.
Los de Bacalar, uno para Bacalar.
Y los de José María Morelos, uno para José María Morelos.
No eligieron alcaldes de gira.
Mucho menos funcionarios que, cuando se acerca el siguiente proceso electoral, descubren repentinamente que los problemas del vecino son excelentes escenarios para tomarse fotografías.
Antes de buscar reflectores en casa ajena, que enciendan primero las luces de la propia.
Porque cuando un gobernante necesita salir de su municipio para presumir cercanía, generosidad y resultados, la pregunta inevitable es:
¿qué está dejando atrás que prefiere que no miremos?




